Los que me siguen desde hace casi tres años me conocen como Rous B o por mi nombre, Rosa. Hoy vengo a narrar cómo surgió este blog. Además, me alegra compartir que en la actualidad el proyecto ha crecido y llevo una comunidad en Google+, con la misma finalidad que el blog, donde tienen cabida otras enfermedades con restricciones alimenticias y la gente libremente aporta sus maravillosas recetas.



Este blog, como muchos de ustedes saben, nació como una labor social y se materializó gracias al impulso motivacional dado por Laura y Fernando. Para los que nunca han leído la historia y la desconocen, mencionar por encima que hace siete años me diagnosticaron proctitis ulcerosa, una enfermedad inflamatoria digestiva autoinmune bastante dolorosa y, por qué no decirlo, grave. Muchas personas de las que me rodeaban, ignorantes de la realidad, decían que la enfermedad la causaban los nervios, el estrés, etcétera. De momento, solo sabemos que se trata de aspectos medioambientales, sistema autoinmune y, en algunos casos, genes. Un grupo de investigadores ha afirmado haber descubierto un gen causante de la inflamación, otros opinan que se trata de herencia genética y otros de una alternación en los genes. No existe cura, únicamente tratamiento para espaciar brotes.

Esta buena amiga, Laura, y mi marido, Fernando, al ver cómo adaptaba la alimentación y encajaba bastante bien lo sucedido, me plantearon que sería una buena idea compartir con otros mi experiencia. ¿Con qué intención? Pues con el fin de poder ayudar a aquellas personas que no sabían cómo cocinar ahora, tras las limitaciones alimenticias, o se sentían extraños al salir a comer fuera de casa debido a la poca conciencia existente en el sector de la restauración. ¡Y así nació el blog!

Cada persona, con su enfermedad, debe seguir las indicaciones de su médico, tanto en lo que al tratamiento se refiere como en la alimentación porque existen diversas alimentos contraindicados. Además, muchos desarrollamos intolerancias y lo que es más grave, alergias. Pongamos por caso un sujeto con una úlcera digestiva que toma un zumo de naranja y limón. Si les cuesta imaginar esta escena, simplemente piensen en una llaga en su mano y cómo vierten este sano líquido en ella. ¿Qué sucedería? Por lo pronto verían las estrellas porque les quemaría o ardería, ¿verdad? Ahora prueben a echarle pimienta, pimentón, curry, tabasco, chile, guindilla... ¡El firmamento entero a sus pies!

Desde que me diagnosticaron la enfermedad me he encontrado que la mayoría de los alimentos envasados no los puedo tomar y salir a comer fuera se convierte en una tarea muy compleja. La cocina creativa y de chefs valorados por todos como genios se transforma en un simple asado de verduras, carnes o pescados. Esto me ha sucedido en donde resido, Tenerife, pero también en Madrid o Salamanca. En ambos sitios, grandes restaurantes con estrella Michelín y del extranjero mejor ni hablar. En uno de estos afamados sitios la jefa de sala vino a preguntarme que qué se me ocurría que pudiera prepararme el jefe de cocina porque ellos tenían un menú tipo donde primaban las especias picantes. Me quedé perpleja ante la situación. Y pensé: ¿Quién da las estrellas, con qué criterio? ¿En base a un rico plato o  miran también la capacidad de adaptación creativa en diversas circunstancias? ¡Horror, yo no tengo la estrella, no me la dieron a mí, cómo me pregunta! Y al final proporcioné las ideas, no me quedó de otra. ¡Vamos, como si hubiera comido en casa, porque poco he estudiado de cocina! Solo sé distinguir si me han puesto alcachofas de bote o el pescado está pasado, la carne dura, la comida insípida, carente de gracia, insulsa y esas cosas de un amante del buen comer.

Vemos en la tele diversos concursos de cocina, como Top chef, donde los participantes deben elaborar platos interesantes en base a múltiples variantes, que dicho sea de paso, ¡les cuesta una barbaridad y a veces ni lo consiguen! ¿Y en el día a día? Les aseguro que triste, muy triste la incapacidad con la que me he tropezado. Más de lo mismo que vemos en la tele. Eso sí, también he sido afortunada al poder degustar platos deliciosos de la mano del chef Samuel Hernández Montañez, entre otros, que no cuentan con estrellas Michelín pero sí con ilusión y amor por la cocina. Conservan el deseo de agradar al cliente, de sorprenderlo, de crear, de salir de la monotonía y la rutina diaria. A los que siguen con este amor por la profesión nada más que puedo decirles: ¡GRACIAS!

A partir de ahora me dedicaré a publicar artículos con nombres de restaurantes y fotos de platos, como los que he recopilado en estas vacaciones. Tal vez sirva como arranque de concienciación y también de ayuda a aquellas personas que se encuentran en mi misma situación. Les aseguro que no vale la pena pagar un menú de un reconocido y afamado chef, si éste no cuenta con capacidad de adaptación. Sé que muchas voces del sector se sublevarán en contra de lo expuesto. Queridos, respetados y apreciados cocineros, un vegetariano o un celiaco no suele ser mirado como bicho raro o incómodo al que atender, ¿verdad? ¡Nosotros tampoco lo somos! ¡En todos los casos se trata de seres humanos deseosos de probar vuestras creaciones!

¡Me encantará conocer vuestras experiencias a este respecto, así como opiniones!

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