Todos los consumidores podemos realizar un análisis, a través de los sentidos, que nos permite conocer la frescura del pescado, tanto si los compramos en la tienda como si los consumimos en los restaurantes.

Desde hace tiempo, no existe duda alguna sobre la importancia que tiene el pescado en nuestra dieta, ni tampoco de los muchos aportes nutritivos que este tipo de alimento puede brindarnos si los incluimos en nuestras comidas en una proporción de dos o tres veces por semana. Es más, la Organización Mundial de la Salud (OMS) habla incluso de un consumo de tres a cuatro veces por semana de pescado y marisco.

Ahora bien, para que nuestra experiencia con ellos sea realmente positiva, es tan importante que sepamos prepararlos en casa, al igual que saber escoger las mejores piezas en el momento de comprarlos; ya que se trata de un alimento que, si no es bien conservado, puede echarse a perder con mucha facilidad.

Por eso, a continuación quiero enseñarte una serie de consejos o trucos sumamente sencillos que podrás poner en práctica la próxima vez que vayas a una distribuidora de pescados y mariscos o a cualquier tienda a la que suelas acudir para comprar pescado,  de forma que te lleves a tu hogar los mejores productos, los más frescos.

Primeramente, hay que tener mucho cuidado y  revisar siempre que el pescado o los mariscos en cuestión estén colocados en superficies levemente inclinadas, ya que tienden a eliminar agua. En el caso de encontrarse sobre espacios planos, el agua puede acumularse, dañando dicho producto. Por supuesto, ni pescados ni mariscos deben estar ubicados en sitios en los que reciban directamente los rayos del sol porque eso generará modificaciones químicas en su composición que nunca son buenas.

Si tienes la posibilidad de ver los alimentos y también de tocarlos, revisa que la piel esté bien sujeta a la carne, además de mirar con detalle que luzca brillante, incluso con cierto reflejo metálico.

De más está decir que, cuando vamos a comprar pescado o comprar mariscos online, no sabremos si tienen olor desagradable (síntoma inequívoco de su mal estado, comprobable solo cuando lo tenemos delante) y deberemos fiarnos de la empresa o gran superficie hasta que nos llegue a casa. Igualmente, cuando estés en la pescadería, si notas que ha perdido escamas, tampoco lo lleves, ya que es una señal de que ha pasado el momento de ingerirlo.

Los ojos son una parte clave en el momento de seleccionar una pieza de pescado, pues estos deben mantener un aspecto casi vivo. Si los ojos muestran una apariencia turbia o están demasiado hundidos, ten cuidado porque esa puede ser una señal de que es mejor no comprarlo, y mucho menos consumirlo.

En el caso de los pescados blancos, como por ejemplo, el lenguado, el gallo, el rape, la merluza, el mero o la pescadilla, los ojos deben mostrar un aspecto particularmente claro, mientras que la piel será tersa y no presentará pliegues.

Por otro lado, cuando hablamos de pescados azules, como es el caso de la sardina, el salmón, el boquerón, la caballa o la trucha, es importante que lo tomes en tus manos, y compruebes que las piezas están firmes, que no se doblan ni deshacen. Como la higiene es esencial, usar guantes para la manipulación.

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