En junio del  2007 comenzó un estilo de vida diferente para mí. No nací con proctitis o sí, lo cierto es que no supe nada a ese respecto hasta hace más de 3 años. La palabra ni me sonaba y se trata de algo que desconocía por completo. ¿Encajarlo? ¡Difícil! Sí, me resultó bastante difícil asimilar que me encontraba ante un cambio de hábitos alimenticios y que iba a vivir con una enfermedad (según los médicos) de por vida. Tal vez pudiera pasar periodos largos en los que viviera más o menos normal, pero nada ni nadie podía asegurármelo. Sé que hay personas con enfermedades graves y que día a día conviven con ellas. Solo les puedo decir que les deseo todo lo mejor.

Ahora bien, mi intención al abrir este blog es dar a conocer mi experiencia y cómo amoldé la alimentación y jugué con ella para hacerla más agradable. Por lo cual, relataré un poco lo que el médico me contó y cómo lo entendí. El especialista de digestivo me explicó que padecía una enfermedad de carácter inmunológico (autoinmune), que algunos alimentos debía eliminarlos y probar con otros. También describió de qué se trataba y apuntó que una situación nerviosa no repercutía y sí un shock.
Hay variedades dentro de las enfermedades digestivas, muchas, y cada persona es un mundo, incluso tratándose de la misma patología. Debemos investigar con nosotros mismos qué alimentos nos sienta bien y cuáles mal. De todos modos hay unos cuantos que no deberíamos ni probar, pues nos perjudican; tal es el caso de lácteos, picantes, irritantes y alcohol. Yo tengo afectada la parte baja del colon. Vamos, que muchas veces ni me puedo sentar de cómo me duele, aunque te habitúas poco a poco a convivir de la mejor manera. Cierto es que debes aceptar todo lo que conlleva la enfermedad y creo que eso te ayuda a seguir. Por lo menos así me funciona a mí.
                Tras este panorama y con una serie de limitaciones, comencé a probar cómo conseguir que la comida me resultara más sabrosa. Y poco a poco experimenté. Debo reconocer que no hay muchos sitios que preparen comida al momento y se arriesguen a atender a personas con limitaciones alimenticias, por lo menos en donde vivo. En los restaurantes me ofrecían carne a la plancha y verduras. Claro que eso no me resultaba tan diferente a lo que yo hacía y me desconsolaba viendo comer a otros.
Recuerdo que la primera vez que salí, tras diagnosticarme la enfermedad, fue por mi cumpleaños. Un familiar se pidió todo lo que me gustaba y ya no podía comer. Acto seguido me comentó: «debes acostumbrarte, los demás no vamos a dejar de comer cosas porque tú estés con nosotros, eres tú la que debes acostumbrarte». Lloré desconsoladamente en el baño del restaurante, pero dicen que lo que no mata te hace más fuerte y debe ser cierto. A día de hoy evito quedar con esta persona. Una cosa es que no puedas comer algunos alimentos y otra que te los restrieguen en la cara en tu primera salida y encima el día de tu cumpleaños. 
Ya iré narrando un poquito más de mi experiencia e intentaré esforzarme por esto que me gustaría transmitir a través del blog que es enviar un mensaje positivo y esperanzador. Después de unos duros comienzos, tanto para mí como para los que me rodean (que ellos también lo pasan muy mal), las cosas van cambiando y buscas soluciones para sentirte bien con lo que te toca vivir.
¡Feliz semana y gracias por estar ahí! 

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